jueves, 14 de marzo de 2013

El capitalismo industrial

La revolución industrial, que venía gestándose desde el siglo XVI, pero alcanzó su plenitud hasta el siglo XVIII, transformó los procesos productivos, transfiriéndolos del hogar o el taller artesano a la fábrica y convirtiendo el trabajo manual en mecánico, y exigió la aportación laboral de un numero cada vez más elevado de obreros. Este capitalismo industrial inicial era altamente competitivo, porque las empresas, de propiedad individual, eran pequeñas y numerosas en cada sector y, por tanto, ninguna de ellas tenía por sí sola poder suficiente para intervenir decisivamente en el mercado. Sin embargo, la rápida acumulación de capital, unida a los frutos inmediatos de la revolución tecnológica que se había operado, hizo que el proceso de crecimiento de las unidades económicas fuese cada vez mas acelerado. La consiguiente concentración se tradujo en e aumento tanto del tamaño de las empresas como de los capitales depositados en las instituciones bancarias y en las grandes sociedades anónimas. La consecuencia fue una sensible disminución del nivel de competencia y la aparición en distintos sectores de mercados oligopolistas y monopolistas dominados por pocas empresas o por una sola, las cuales podían de esta manera aumentar sus beneficios recurriendo a diversos métodos como adopción y control de patentes, reparto de territorios en exclusiva fijación arbitraria de precios, etc. En suma todo cooperó a hacer que sufriera un gran bajón el nivel de competencia típico del primitivo capitalismo industrial.

La revolucion de los transportes

En el campo en el que se han producido avances más espectaculares y de más transcendencia para la sociedad, ha sido, probablemente, el de los transportes. Los medios de transporte actuales no sólo tienen una importancia económica, sino que también tienen importancia en la vida cotidiana de la gente, al permitir disfrutar de diversos espacios en un período de tiempo corto. El tiempo se convierte, así, en el valor fundamental de medir distancias. El desarrollo de los transportes es muy reciente. Los primeros ferrocarriles aparecen en el siglo XIX, así como los primeros barcos de vapor, pero será el automóvil de motor de explosión, el barco de caso de acero y el desarrollo de la aviación los inventos que revolucionarán el mundo del transporte. El ferrocarril es el medio de transporte de la primera revolución industrial. Gracias a él se desarrollan los mercados nacionales e internacionales únicos. Desde que en 1823 se creara en Estados Unidos, entre BaltimorePronunciado /báltimor/ y OhíoPronunciado /ohaio/ con hache aspirada, el primer ferrocarril de pasajeros, este ha evolucionado mucho. En 1832 se introducen las traviesas en las vías. En 1835 una locomotora consigue los 100 km/h. En 1896 se inaugura el ferrocarril entre Nueva York y San Francisco, por Chicago. En 1876 aparecen las primeras locomotoras eléctricas; en Estados Unidos. En 1913 se construyen en Suecia las primeras locomotoras diesel. En 1941 se construye en Suiza la primera locomotora a gas, la primera locomotora moderna, con 22.00 CV. En 1968 en la línea Toronto-Montreal la locomotora de gas alcanza 240 km/h. En los años 60 se comienza a electrificar todas las vías, dando al medio seguridad y rapidez. El tren articulado ligero de Goicoechea Oriol (Talgo) será el más moderno, y el que más a contribuido a los trenes de la última generación.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Marxismo, anarquismo e intenacionalismo

Marxismo y socialismo:A mediados del siglo XIX Karl Marx y Friedrich Engels denunciaron la explotacion de la clase trabajadora y defendieron la necesidad de una revolución obrera para destruir el capitalismo.A través de la revolución, el proletariado conquistaría el poder político y crearía un Estado obrero que socializaría la propiedad.El fin de la proopiedad privada llevo a la progresiva desaparicion de las clases sociales y del Estado, para poder asi alcanzar el ideal de sociedad comunista,la sociedad de clases.A partir del último tercio del siglo XIX. los marxistas propusieron la creacion de partidos de obreros socialistas.Su objetivo era la realizacion de la revolucion preoletaria,pero defendian tambien su intervencion en la vida de la politica a travez de la participacion en las elecciones y a traves de la entrada en los parlamentos nacionales.Asi, los diputados socialistas impulsarian una legislación más faborable a los trabajadores como el sufragio universal, jornada laboral de 8 horas... . Anarquismo:El anarquismo reunió a un conjunto de pensadores que tenian en comun tres principios basicos:1La exaltacion de la libertad individual y de la solidaridad social;2La crítica a la propiedad privada y la defensa de formas de propiedad colectiva;3. el rechazo a la autoridad.Defendian la accion revolucionaria de los obreros como la de los campesinos para destruir al estado y crear una nueva sociedad igualitaria y colectivista.Los anarquistas se oponian a la participacion en la vida politica y a la organizacion de los trabajadores en partidos. Algunos defendieron la accion violenta contra los pilares del capitalismo.Otros patrocinaron la creacion de sindicatos revolucionarios, para asi mejorar la condicion obrera e impulsar la revolucion social.El internacionalismo:Marxistas y anarquistas defendian la necesidad de unir los esfuerzos de la clase obrerade todo el mundo para luchar contra el capitalismo.A iniciativa de Marx, en 1964, se creo la Asociacion Internacional de Trabajadores a la que de adhirieron marxistas, anarquistas y sindicalistas.Pero las grandes discrepancias idelogicas entre marxistas y anarquistas fueron muy mal y acabaron por desaparecer ha cia 1876.En 1889 algunos dirigentes socialistas fundaron la Internacional 2 en Paris.Esta, a diferencia de la primera, era una organizacion exclusivamente socialista cuyo objetivo consistia en la coordinacion de programas y actuaciones de los diferentes partidos socialistas.La internacional2 creo algunos de los simbolos de identidad del movimiento obrero, como el himno y la fiesta del Primero de Mayo.

El imperio napoleónico

La Revolución Francesa (1789—1799) es uno de los más grandes y decisivos acontecimientos de la Historia e inicio de la época Contemporánea. Tiene una importancia fundamental, ya que al sustituir el antiguo orden —Antiguo Régimen— por un orden nuevo liberal abrió paso al mundo moderno. Los historiadores no han dejado de debatir sobre sus orígenes, duración, etapas, protagonistas, consecuencias y significado. El debate se ha reavivado y enriquecido con ocasión del bicentenario de la Revolución de 1789. La Revolución Francesa ha sido considerada tradicionalmente como el modelo de revolución burguesa, en la que la burguesía desplazaba a la aristocracia del poder. Godechot y Palmer defienden que es la más importante de las llamadas revoluciones atlánticas, que transcurrieron entre 1770 y 1779 en Europa y América. Para la historiografía marxista —Lefebvre, Soboul— fue una lucha de clases, siendo la dictadura jacobina el punto culminante de la revolución. Furet sostiene que no puede hablarse de enfrentamiento de clases ya que no había una, sino varias burguesías en la Francia de 1789, con intereses opuestos respecto al papel de la monarquía. Mantiene que no hubo una sino tres revoluciones. Se han reabierto los debates acerca del origen y alcance del Terror. También hoy interesan más las experiencias individuales de la gente corriente y se ha profundizado en los estudios sobre la revolución en el entorno rural.

El estallido de la revolucion francesa

La Revolución francesa fue un conflicto social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras naciones de Europa que enfrentaban a partidarios y opositores del sistema conocido como el Antiguo Régimen. Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799. Si bien la organización política de Francia osciló entre república, imperio y monarquía constitucional durante 71 años después de que la Primera República cayera tras el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte, lo cierto es que la revolución marcó el final definitivo del absolutismo y dio a luz a un nuevo régimen donde la burguesía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país. La revolución socavó las bases del sistema monárquico como tal, más allá de sus estertores, en la medida en que lo derrocó con un discurso capaz de volverlo ilegítimo.

El reformismo borbónico

Durante el siglo XVIII se producen en España continuas denuncias de los ilustrados sobre la situación del campo en España, la industria, la educación, la cultura etc. En un intento de poner remedio, la corona crea las reales fábricas, y hace proyectos colonizadores; además de otras reformas que son patrocinadas por el rey, desde su óptica de déspota ilustrado. El rey tenía el dominio absoluto, por derecho de conquista; recordemos que para ser rey había tenido que ganar una guerra civil. En 1711 se imponen en Aragón los Decretos de Nueva Planta, que son, en realidad, una nueva organización política del reino. Se sustituyen los virreyes, creación aragonesa, por un comandante general, que es también presidente de la audiencia. Desaparece el pactismo, propio de los Habsburgo, y el Consejo de Aragón, para imponer los secretarios de Estado y de Despacho, una medida centralizadora que lleva a Madrid el poder de decisión. A pesar de estas medidas contra las instituciones tradicionales, los Decretos de Nueva Planta no encontraron grandes resistencias para su establecimiento, ya que el ordenamiento anterior era sumamente arcaico. La Administración borbónica crea las Cortes de España, suprimiendo las de los distintos reinos, Aragón y Valencia en 1709, Cataluña en 1724, etc., pero no se reunirán hasta 1812, salvo para las coronaciones reales.

La revolucion americana

La revolución americana fue la primera insurrección colonial contra una metrópoli, en la que los colonos, animados por las ideas ilustradas que venían de Europa, decidieron enfrentarse a Inglaterra en defensa de sus derechos e intereses. Las trece colonias inglesas en Norteamérica se dividían en dos bloques según el estilo de vida que llevaban: las colonias del norte, dedicadas a la industria y las finanzas, eran el equivalente americano de la burguesía y tenían como ciudad más importante Boston, mientras que en las colonias del sur, los latifundistas llevaban un modo de vida semiaristocrático. No olvidemos, no obstante, que la inmensa mayoría de la población colonial provenía de la marginación inglesa (sectas protestantes, fugitivos, mendigos...). Los colonos deseaban igualar las tasas e impuestos fiscales, especialmente sobre el té, a las del resto de ingleses; además de contar con representación en el Parlamento londinense.